lunes, 2 de junio de 2014

AMADEO I , EL REY DE LOS TRES AÑOS

 
 
 
Amadeo I 
 
Amadeo I es uno de los reyes menos conocidos de la Historia de España. Entre las razones para este olvido pueden estar el hecho de ser extranjero y de haber reinado durante muy poco tiempo (1870-73).
 
Aún siendo uno de los reyes menos estudiados de la Historia de las monarquías españolas, las opiniones sobre él son muy diversas: algunos lo consideraban poco apto para el cargo, mientras que otros consideran que, en unas circunstancias más favorables, hubiera sido un buen rey para España. 
 
Nació el 30 de mayo de 1845 en Turín, Hijo segundo de Víctor Manuel II (Rey de Saboya-Piamonte y, posteriormente, primer Rey de Italia) y de María Adelaida de Austria. A los 22 años contrajo matrimonio con Maria Victoria dall Pozzo della Cisterna (1867), Una de las reinas más carismáticas, que ha tenido España. 
 
 CURIOSIDADES DE SU BODA
Es curioso tener en cuenta que tras la boda varias tragedias afectaron a los asistentes: el padrino acabó sus días pegándose un tiro; el guardia de Palacio se cortó las venas; el ayuda de campo del rey falleció tras caerse de su caballo; una ayudante de cámara de María Victoria se cortó el cuello; el coronel que encabezaba la comitiva nupcial murió de un golpe de calor, y el jefe de estación fue atropellado por el tren nupcial que llevaba a la pareja en su luna de miel. 
 
Mientras María Victoria residió en España llevó una vida de discreción que le ganaron las alabanzas de cuantos la conocieron. Por aquel entonces hubo problemas matrimoniales entre ella y Amadeo, pero la pareja de nuevo tuvo un hijo en 1873, al que llamaron Luís Amadeo. Luís Amadeo fue, curiosamente, el único de sus hijos nacidos en España.
Maria Victoria vino al mundo en París. Su familia, de noble estirpe piamontesa, eran príncipes aristocráticos (es decir, no eran miembros de ninguna familia real, aunque en su genealogía se encontraba lo más granado de la nobleza europea, y era descendiente de los landgraves de Hessen-Rheinfels-Rotenburg).
Su madre, Louise Caroline Ghislaine, era hija de los condes de Mérode, y su padre, Carlo Emanuele, era príncipe della Cisterna, una familia procedente de Turín.
 Por aquellas mismas fechas, en España, la revolución de septiembre de 1868 provocó la abdicación y el posterior exilio de Isabel II, lo que a su vez obligó al general Prim, jefe del gobierno, a buscar un monarca para el trono español. Tras numerosas gestiones entre las familias reales europeas, se decantó por Amadeo I, representante de la casa de Saboya, la cual, y según le tratado de Utrecht, tenía derecho sucesorio en España en caso de faltar la dinastía borbónica. Amadeo I, a su vez, aceptó el ofrecimiento, siempre y cuando fuera elegido por las Cortes y reconocido por todos los Estados europeos.
 Las Cortes españolas designaron a Amadeo I de Saboya Rey de España por mayoría absoluta el 16 de noviembre de 1870. El presidente del Gobierno, el general Juan Prim, propuso su candidatura por su carácter católico y progresista. El duque de Aosta aceptó la Corona y una comisión de las Cortes viajó a Italia a bordo de la escuadra del Mediterráneo para traer a Amadeo de Saboya a España. Antes de su llegada, un atentado acabó con la vida del primer ministro, Juan Prim, en Madrid el 27 de diciembre. El nuevo monarca desembarcó de la fragata Numancia en el puerto de Cartagena el 30 de diciembre, y a continuación viajó en Madrid. Amadeo I juró el cargo de Rey de España ante el presidente de las Cortes, Manuel Ruiz Zorrilla, el 2 de enero de 1871, tras rendir homenaje al cuerpo sin vida del general Juan Prim, su gran valedor. “Acepto la Constitución y juro guardar y hacer guardar las leyes del Rein”.
La vida privada de los reyes pretendía ser un espejo público que proyectase los valores morales propios de la burguesía. Elementos como la familia, la religiosidad e incluso el aspecto físico fueron utilizados con este fin. Sin embargo, los monarcas sufrieron el rechazo de la nobleza y la indiferencia de las clases populares. Las clases medias, supuestos receptores de estas ideas, no configuraban en esos momentos una realidad social homogénea. Tampoco existía un proyecto político definido que hubiera podido conseguir el arraigo de la nueva dinastía.
«En España, como en otros países europeos, se publicaron gran cantidad de escritos para ensalzar los valores burgueses. La vida cotidiana se ajusta a un nuevo modelo en el que prevalece un «singular ideal familiar» con un papel activo para el esposo y una posición subordinada para las mujeres, cuya participación «en la marcha política de los pueblos» depende de la influencia que ejerzan «el marido, su padre, sus hermanos, sus hijos si los tiene». 
Como seres débiles y vulnerables, deben comportarse con resignación y humildad. A ellas no les corresponde hacer leyes, tarea reservada a los hombres, sino consolidar las costumbres. Por tanto, su educación se apoyaba en la honestidad, el trabajo, la economía, la modestia y la religiosidad, que transmitían a la familia y les permitía desplegar su actividad pública. Se instala así una desigualdad, social y jurídica, en el seno de un discurso igualitario que promueve la progresiva participación de los individuos en la política. En esta distribución de roles quedan encuadrados Amadeo y María Victoria, que aspiraban a convertirse en un referente moral e imprimir a la Monarquía un nuevo sesgo en el que la familia ocupaba un lugar fundamental. A diferencia de su predecesora Isabel II, o del modelo instituido por Victoria de Inglaterra, en el que convive la esfera doméstica reservada a las mujeres, con ejercicio del poder, los saboyanos partían de una situación de equilibrio en esa distribución.
Su relación con la Iglesia fue también compleja y un elemento de primer orden en su imagen pública. Más allá de sus actos, el clero español sólo le consideraba como el hijo de un monarca excomulgado. Sin embargo, este elemento le concedía cierta simpatía entre los sectores más progresistas del país, aunque, como señala José Berruelo: «no deja de tener gracia y ni poca ni mucha se la hizo a cuantos buscaban en don Amadeo un rey tragacuras» que el acta de aceptación de la Corona aludiera directamente a la «Santísima e Indivisible Trinidad». El rey necesitaba normalizar las relaciones con el Vaticano y buscar el reconocimiento de Pío IX. Con ello alcanzaría una mayor legitimidad en un país en el que el peso de la Iglesia era evidente. En este asunto la Santa Sede optó por la dilación en las negociaciones, ya que se conocía su precaria situación. A requerimiento del nuncio Franchi, tres de los obispos más relevantes del momento, el de Santiago, Zaragoza y Cuenca, emitían su opinión y cerraban cualquier oportunidad de entendimiento con Amadeo, al que consideraban un episodio más de la fatídica Revolución que había trastocado el orden en el país. Pese a que el rey se comportaba como un perfecto católico, justificaban su actitud en la afrenta paterna al Papa y en la falta de sinceridad en sus manifestaciones religiosas, que consideraban hipócritas.» (Alicia Mira Abad)
El reinado de Amadeo de Saboya se caracterizó por la inestabilidad política, simbolizada en seis gabinetes con tres presidentes de Gobierno (Francisco Serrano), Manuel Zorrilla y Mateo Sagasta) en dos años. Los republicanos, los demócratas, los isabelinos y los carlistas manifestaron su oposición al nuevo monarca desde el inicio de su reinado. Los tradicionalistas o carlistas protagonizaron en 1872 un nuevo levantamiento armado, al mando del general Ramón Cabrera, en las Provincias Vascongadas, Navarra, Cataluña y el Maestrazgo, en favor de los derechos al trono del pretendiente Carlos VII. En las colonias, la Guerra de Cuba (1868-78) desangraba al ejército español y el reclutamiento forzoso de quintas provocó el levantamiento del guerrillero de Torregüera (Murcia) Antonio Gávez Arce, ·Antopñete”, contra el monarca en la Huerta de Murcia. Los milicianos republicanos contaban con el apoyo popular y derrotaron a las fuerzas de seguridad del Estado. Al final, el Gobierno decretó el final del servicio militar obligatorio y el pueblo murciano recibió como un héroe al guerrillero “Antonete” Gálvez. (Antonio Gómez-Guillamón Buendía)
Amadeo de Saboya presentó su dimisión irrevocable como Rey de España el día 11 de febrero de 1873, debido a la ingobernabilidad del país. “Dos años largos ha que ciño la corona y la España vive en constante lucha, viendo cada día más lejana la era de paz y de ventura que tan ardientemente anhelo…todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la nación son españoles; todos invocan el dulce nombre de la patria; todos pelean y se agitan por su bien, y entre el fragor del combate, entre el confuso, atronador y contradictorio clamor de los partidos, entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible afirmar cuál es la verdadera, y más imposible todavía hallar remedio para tamaños males. Los he buscado ávidamente dentro de la ley y no lo he hallado. Fuera de la ley no ha de buscarlo quien ha prometido observarla”. El monarca salió de España a través del puerto de Cartagena para regresar definitivamente a Italia.
Amadeo regresó a Italia y falleció en 1890 en Turín.
Alfonso XII
Nació el 28 de noviembre de 1857 en Madrid. Hijo de la reina Isabel II y putativo del rey consorte Francisco de Asís, como tal figura el los registros, y así es asumido por la historiografía oficial, pero la realidad es otra, Alfonso XII era hijo de la reina, ninfómana, Isabel II, pero su padre no era su padre Francisco de Asis, sino de Enrique Puigmoltó y Mayans, uno de los amantes más apuesto y deseado por la reina.
Francisco de Asís no tuvo ningún reparo en aceptar la paternidad de los hijos que alumbraba su esposa, a cambio de recibir un millón de reales por presentarlos en la Corte. A un bizarro militar, el capitán Enrique Puig Moltó, se le atribuye la paternidad del que sería el rey Alfonso XII. Cuentan que la reina se sinceró así con su heredero: “Hijo mío, la única sangre Borbón que corre por tus venas es la mía”.
Fue desterrado a Francia cuando contaba 11 años al ser destronada su madre por la Revolución de 1868. Cursó estudios en París, Viena y en la Academia Militar de Sandhurst. En el año 1870, su madre abdicó en su favor. 
El pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto el 29 de diciembre de 1874 precipitó su regreso a España.
Alfonso XII se casó dos veces; en primeras nupcias con su prima Maria de las Mercedes de Orleans, desgraciadamente, la Reina murió de tifus cinco meses después, fue la quinta de los hijos de Antonio de Orleans (1824-1890), duque de Montpensier, hijo del rey Luís Felipe I de Francia, y de la infanta Luisa Fernanda de Borbón (1832-1897), hermana de Isabel II, que entonces reinaba en España. Pasó su infancia en Sevilla, ciudad por la que sintió especial predilección. Durante el período del Sexenio Democrático, tuvo que partir hacia el exilio. En diciembre de 1874, se restauró la monarquía en España con el pronunciamiento en Sagunto del general Martínez Campos, a favor del príncipe Alfonso, hijo de Isabel II, que fue proclamado rey de España. La reina había renunciado a sus derechos dinásticos. Mercedes regresó entonces a España, instalándose con su familia en Sevilla, en el Palacio de San Telmo que ya había sido la residencia familiar.
Dos años antes, en 1872, Mercedes y su primo el príncipe Alfonso habían iniciado una relación amorosa. A pesar de la oposición de Isabel II a la boda, a causa del enfrentamiento que mantuvo con el Duque de Montpensier, y de la preferencia del gobierno por un matrimonio con alguna princesa europea (una de las candidatas deseadas fue la princesa Beatriz del Reino Unido, hija de la reina Victoria), se impusieron los deseos del ya convertido en rey Alfonso XII, celebrándose la boda el 23 de enero de 1878 en la madrileña basílica de Atocha.
El matrimonio fue breve por la prematura muerte de la reina Mercedes a causa del tifus cinco meses después. Falleció en el Palacio Real de Madrid, acompañada en todo momento por su esposo. Fue enterrada en una capilla del Monasterio de El Escorial, no pudiendo ser en el panteón real, reservado únicamente a las reinas que tuvieran descendencia. La reina Mercedes fue impulsora de la construcción de la Catedral de la Almudena de Madrid, cuya construcción se inició en 1883.
 
Segundo matrimonio
María Cristina de Habsburgo-Lorena (o Austria)
Hija del archiduque Carlos Fernando de Austria y de la archiduquesa Isabel Francisca de Austria, era prima segunda de los emperadores de Austria y de Mexico Francisco José y Maximiliano I.
María Cristina se casó con el rey Alfonso XII el 29 de noviembre de 1879 en la madrileña basílica de Atocha. No congenió muy bien con el extrovertido monarca a causa de su carácter tímido y tranquilo, aunque terminó sintiendo su pérdida. Durante sus primeros años en la corte, soportó las continuas infidelidades de Alfonso XII, que desde la muerte de su anterior y amada esposa se había entregado a un frenesí sexual continuado. Sólo cuando la situación se había tornado insoportable, se recogen escenas de la reina María Cristina recriminando su conducta al esposo. Parece ser que sólo en sus últimos años de convivencia juntos, la pareja real vivió sus momentos de mayor acercamiento, tuvo dos hijas, María de las Mercedes, María Teresa y un hijo póstumo, el futuro Alfonso XIII.
El 29 de diciembre de 1874, desde Sagunto, el general Martínez Campos proclamó a Alfonso XII como nuevo Rey de España.

Inmediatamente, y a la espera de la llegada del Rey, Canovas de Castillo se hizo cargo del gobierno. El nuevo monarca embarcó en Marsella rumbo a Barcelona. Llegó en enero de 1875 y tres días después a Madrid. Con la restauración monárquica se consolidó un sistema político fundamentalmente bipartidista. El partido conservador, liderado por Canovas del Castillo y apoyado por la aristocracia y las clases medias moderadas, se repartía el poder político con el partido liberal, liderado por Sagasta y apoyado por industriales y comerciantes. En realidad, la vida del país estaba dominada por la oligarquía política y el caciquismo de la aristocracia rural.

Uno de los primeros problemas de su reinado será la tercera Guerra Carlista. Tras sucesivos desastres carlistas (Olot, Valencia, Estella), Alfonso XII fue reconocido como rey legítimo por el militar carlista Ramón Cabrera el 11 de febrero de 1875.
Los primeros años de su reinado fueron exitosos en el terreno militar, ya que se logró poner fin a la tercera guerra carlista (1876), en la que había intervenido el propio monarca.

En el marco de la política legislativa la actividad no fue menos notable: aprobación de la nueva Constitución (1876), del Código de Comercio, de la Ley de Enjuiciamiento Criminal y del Código Civil, entre otras medidas, todas ellas encaminadas a lograr la centralización jurídico-administrativa. Con todo, lo más relevante fue la elaboración de la nueva Constitución, que consagraba el intervensionismo regio en la vida política del país y sustituía a la constitución de 1869, claramente más progresista. Con la restauración monárquica se consolidó un sistema político fundamentalmente bipartidista. El partido conservador (heredero del Moderado y el Unionista), liderado por Canovas del Castillo y apoyado por la aristocracia y las clases medias moderadas, se repartía el poder político con el partido liberal, liderado por Sagasta y apoyado por industriales y comerciantes. En realidad, al margen de esta realidad política, la vida de aquel país estaba dominada por la oligarquía política y el caciquismo de la aristocracia rural.

La Paz de Zanjón (1878) acababa de momento a la guerra de Cuba. Proclamada la Constitución de 1876, el rey fue representado como su fiel cumplidor. Un turno pacífico de partidos, permitió el reparto del poder y evitando su toma por la fuerza. Frente al Partido Conservador, se potenció la creación del Partido Liberal que aglutinó las fuerzas de centro izquierda encabezado por Práxedes Mateo Sagasta. Desde 1881 ambos partidos se turnaron de manera casi matemática.
La vida (no tan) privada de Alfonso XII
Enfermedad, locura, voracidad sexual, endogamia… son sólo algunos de los estigmas que jalonan las crónicas de los borbones, repleta de escándalos y extrañas muertes. Su obsesión sexual desde el primer Borbón, Felipe V, hasta hoy es su más acusada característica, como gobernantes, la mayoría de ellos, fueron nefastos para España.
“El rey Alfonso XII fue un gran aficionado a la ópera y sobre todo a la cantante lírica Elena Armanda Sanz Martínez de Arizala, prima donna del Teatro Real de Madrid, española, nacida en Castellón en 1844, artista internacional vinculada a la Scala de Milán y la Ópera de Viena donde también llegó a cantar,  no pasaría a la historia por sus giras y representaciones, sino por los motivos personales que la obligaron a abandonar prematuramente las tablas. Abandonó su carrera y lo dejó todo, por amor al rey.
 
De la relación mantenida tuvieron dos hijos en común, Alfonso y Fernando.
 
Su primer encuentro fué en Viena, (1872) cuando Alfonso contaba tan solo con 15 años y la cantante, una mujer de 28 años. 
 
Parece ser, que la soberana empujo a su hijo a los brazos de Elena para evitar que se casara con su prima Mercedes, hija de la Infanta Luisa Fernanda, con cuyo padre, el traidor duque de Montpensier, había hecho un pacto.
 
De nada le sirvió a la reina pues Elena Sanz se fue de gira por Suramérica de donde regresó madre de un varón de padre, éste si, desconocido. Y Alfonso cayó rendido ante su prima Mercedes al conocerla, se casó con ella en 1878 siendo ya rey, pero Mercedes murió seis meses después de la boda y Alfonso XII se sumió en tal desesperación que sus allegados temieron que cometiera una locura.
 
Su consuelo llegó gracias al estreno de la ópera La Favorita en el madrileño Teatro Real, en la que actuaba Elena Sanz. Cuando subió al palco a cumplimentar al monarca, renació la fascinación de éste. Alfonso XII se convirtió en su fiel seguidor, como atestigua otra de las cartas, donde dice:
“Idolatrada Elena: mucho gusto he tenido en verte todos los días en estas funciones”.
 
La reina le alegró que Alfonso recuperara la ilusión. 
 
Elena Sanz acabó sucumbiendo al amor del rey, abandonando los escenarios. Alfonso XII, loco de pasión, aprovechaba cualquier resquicio para ver a su amante, como demuestran sus cartas. “Amor mío, mañana miércoles 15, a las 11 menos cuarto, espero estar en tus brazos». Hay una escrita en el soporte de una foto, donde aparece el sello P. M. Hebert. Fotógrafo de SSMM. En ella se despide «hasta el próximo día que cacemos en furtivo, amor mío”. 
 
La foto, donde aparece un inédito Alfonso XII con atuendo de caza, preside hoy el salón de la vivienda de María Luisa, nieta bastarda de Alfonso XII.

Al año siguiente, en 1879, sobre la pareja planean las primeras sombras. Cánovas, jefe de Gobierno que propició la Restauración, plantea al Rey la urgencia de una nueva boda para dar un heredero. Consciente de sus deberes, Alfonso XII accede a su pesar. 

 
“Me casaré si me buscan ustedes novia”. La elegida fue María Cristina de Habsburgo, sobrina del emperador de Austria, inteligente, pero poco agraciada. Se casaron en Madrid ese 28 de noviembre, mientras su romance con Elena Sanz seguía viento en popa. Dos meses después, el 28 de enero de 1880, la cantante dio a luz un niño, al que puso de nombre Alfonso.
 
Aunque nació en París, fue un secreto a voces, del que la prensa se hizo eco.
 
Mientras tanto, en Madrid,  la reina María Cristina no lograba alumbrar un varón. Tuvo dos niñas seguidas, las infantas Mercedes y Teresa. Alfonso XII, decepcionado, vivía en una encrucijada: por una parte, su amor por Elena y el ansiado varón, que no podía subir al trono. Por otra, su deber como rey. Una compleja situación que se refleja en sus escritos. “Adorada Elena: perdón si anoche te hice tanto sufrir. Varias veces me desperté pensando en ti y lleno de remordimientos”.
 
Después de tener a Alfonso, la cantante regresó a Madrid, donde en febrero de 1881 nació su segundo vástago. Otro varón, Fernando, para desgracia de María Cristina. En plena lactancia del bebé, la reina lanzó un ultimátum: o salía de Madrid la cantante con su innoble prole o ella regresaría a Austria. Elena Sanz tuvo que afincarse en París con sus hijos, sobreviviendo con las 5.000 pesetas mensuales que le mandaba el rey. No siempre puntual. “Querida Elena: hasta hoy no te he podido remitir lo que va adjunto porque cerré el mes con deudas y sin un cuarto”, se excusaba en una carta.
 
Dicen que la pasión del monarca perdió fuelle con la distancia, ya  que también mantuvo un idilio con Adelina Borghi, llamada la Biondina por sus cabellos rubios. Tal fue el escándalo que ocasionó esta última relación que la reina María Cristina, amenazo con abandonar la corte si la cantante italiana no dejaba Madrid de inmediato. Excusado es decir que, al día siguiente, la diva fue conducida a la frontera con la consideración de persona non grata.
 
María Cristina, embarazada del futuro Alfonso XIII, se convirtió en regente y retiró la pensión a Elena Sanz.
 
Para sobrevivir tomó una difícil decisión: en el Acta de París, firmada en 1866, entregó a un representante de la Casa Real 110 documentos, en su mayoría cartas, que acreditaban la paternidad de Alfonso XII. A cambio se garantizó a sus hijos 31.000 francos en un depósito de deuda exterior, que podían retirar en su mayoría de edad, convertidos en 700.000. De su custodia se encargó Prudencio Ibáñez, banquero de la familia real.
 
Sin embargo, tras morir Elena Sanz en 1898, el banco que custodiaba los títulos quebró.
 
Cuando los hermanos reclamaron su fortuna, no había nada, al parecer la reina y el banquero Ibáñez les quitaron todo.
 
En 1907, Alfonso Sanz, primogénito bastardo del rey, inició un pleito reclamando su filiación como hijo de Alfonso XII, pero lo perdió. El juez dictó que”un monarca no estaba sujeto al Derecho común”. Es decir, no se le podían reconocer hijos fuera del matrimonio. A partir de ahí, decidió borrar su pasado. Fue director de Peugeot en París.
 
Y su matrimonio con la hija de un millonario mexicano, Guadalupe de Limantour, le colocó en la órbita de la alta sociedad. Jamás quiso recordar sus orígenes. Al parecer, sufrió mucho por su madre. Veía que la habían despreciado y engañado. También se negó a tener relación alguna con la familia real. “Salvo con Isabel II y su hija, la Infanta Eulalia.”

La correspondencia de Alfonso XII con Elena Sanz se prolongó durante seis años (1878-1885, año en que fallece el rey). María Luisa Sanz, hija de Alfonso, primogenito bastardo de Alfonso XII, conserva ocho de esas cartas, que su padre guardaba en un cofre.

IDOLATRADA ELENA: Cada minuto te quiero más y deseo verte, aunque esto es imposible en estos días. No tienes idea de los recuerdos que dejaste en mí. Cuenta conmigo para todo. No te he escrito por la falta material de tiempo. Dime si necesitas guita y cuánta. A los nenes un beso de tu (firma) Alfonso.
ELENA MIA: Qué monería de retratos y cómo te lo agradezco. El chico hace bien en agarrarse a lo mejor que tiene y por eso le va a gustar tocar la campanilla. Tú estás que te hubiera comido a besos y me pusiste Dios sabe cómo. Daría cualquier cosa por verte mas no es posible. Recibe un abrazo, (firma) Alfonso.

QUERIDA ELENA: Hasta hoy no te he podido remitir lo que va adjunto porque cerré el mes con deudas y sin un cuarto. Me castigo por el retraso, según verás, remitiéndote 500 pesetas de plus. Seré más exacto en adelante. Me alegro de que el nene esté bueno. Mil besos de tu (firma) Alfonso. (Julia González. elmundo.)

La otra amante de Alfonso XII
La periodista Sara Ríos nos desvela una trama en la que supuestamente el rey Alfonso XIII no es hijo de la reina consorte Maria Cristina, por su novedad e interés reproducimos parte del mismo:
[…] El que fuera director del Museo Arqueológico de la Plana Baixa decidió hace más de una década investigar y estudiar la vida de una misteriosa mujer considerada por unos una gran señora y por otros una fulana. Una recopilación de documentos históricos y personales sobre Adela Lucía Eduarda de la Santísima Trinidad Almerich Cardet (1854-1920) a los que ha tenido acceso Levante de Castelló.
“Aquí en Burriana siempre se había contado la historia de Adela, pero nunca había trascendido más allá del saber popular”, comentó ayer Mesado, quien era conocedor, como lo habían sido los más mayores de Vila-real, Alqueries y Burriana, de una historia que había pasado por varias generaciones a través de la tradición oral, pero que no se sustentaba en documentos escritos. Fue en el año 2000 cuando recibió una carta de la hija de su gran amigo el erudito valenciano Eduardo Ranch en la que le comunicaba que poseía unas cartas que podían ser de su interés.
Se trataba de tres misivas que una tal Adela Alberich le había escrito al que fuera su último amante, un rico terrateniente burrianense, Francisco Fenollosa Prior. Fue entonces cuando Mesado decidió averiguar quién era realmente Adela. Para ello, entrevistó a los vecinos de más avanzada edad de les Alqueries, que ya han fallecido, y todos estuvieron de acuerdo en afirmar que fue durante años la amante del rey Alfonso XII. Sus confesiones no quedaron ahí y en voz baja y con sigilo le aseguraron que hubo un cambio de bebés y que realmente Adelita, la que era considerada como su hija, lo era de la reina María Cristina, ya que el hijo de Adela fue entregado a la corte real para pasar a la posteridad como Alfonso XIII.
“La gente con cierta edad, de les Alqueries que llegó a conocer a la propia Adela, pero sobre todo a su hija, me contaron la historia de que Alfonso XII se quedó prendado de una joven guardabarreras bellísima, Adela, cuando el séquito real paró a la altura de la denominada estación del Norte -actualmente la estación de Burriana y Alqueries-. A partir de entonces se convirtió en su amante y Alfonso XII mandó a su marido un rico hombre de Vila-real a la guerra de Cuba, donde murió, ya no regresó nunca más”. El historiador considera que hay cierta leyenda en el modo en el que se conocieron, que posiblemente no fue cuando ella estaba de guardabarreras si no años después cuando frecuentaba círculos influyentes gracias al estatus de su marido, un adinerado vecino de Vila-real, Matías Cantavella. Lo que sí da Mesado por cierto, como demuestra la documentación facilitada por un reconocido historiador cubano, es que Cantavella falleció en la guerra de Cuba “como un hombre soltero”.
Pacto del Pardo
Disparidad de relatos que despertaron la curiosidad de este reconocido historiador de Burriana que decidió atar hilos. Para Mesado la clave que demuestra que sí hubo un intercambio de bebés está en el Pacto del Pardo, del que los historiadores de la época no supieron explicar su contenido por el enorme secretismo que lo rodeo. Mesado refrenda la hipótesis de que fue allí  donde se tomó tal decisión tras morir Alfonso XII, “ya que la reina María Cristina tenía dos hijas, las infantas, y se quedó embarazada antes de morir Alfonso XII sin asegurar la descendencia de un varón, así que se dicen que Cánovas del Castillo, ante la amenaza de republicanos, liberales y carlistas se reunió con Sagasta para darle el mando y eso fue a cambio de que guardase tal secreto”. Tras esta decisión, “Adela será desterrada a Barcelona por la reina regente y se irá acompañada de una criatura que prácticamente nadie sabía quien era, y de un pequeño séquito de criadas”, recoge este historiador en su nuevo libro.
“En una de las entrevistas a Lola Serra, descendiente de una prima hermana de Adela, cuenta que Alfonso XII había muerto en los brazos de Adela y si miramos la historia se dice que estando ya muy grave el rey, Cánovas le prohibió a María Cristina y a la reina Isabel II, su madre, entrar en la habitación, cosa inexplicable si no es porque el rey estaba acompañado por quien él más amaba”, relata Mesado en su libro.
Adelita nunca supo de quiera era hija, “ya que su partida de bautismo deja en blanco los apellidos de sus padres y abuelos”. La que ejercía como tal nunca le quiso confesar su más hondo secreto, así lo asegura una de las hijas de Adelita, Rosalía Fenollosa, quien vive en Barcelona, y guarda el diario personal de su madre, en el que esta muestra su angustia por la misteriosa historia que rodeó su vida, aunque da por verdadera la historia que narra Norberto Mesado. “Mi madre tenía un cerrojo en la boca, no quería recordar a mi abuela, porque ella también lo tenía. Muchas veces se le ponía de rodillas y le suplicaba que le dijese quién era ella, cosa que nunca consiguió saber”, recuerda la nieta de Adela en el libro.
Y es que nunca tuvo respuesta a la pregunta de si ella era verdaderamente la tercera infanta de España a la que dio a luz María Cristina. En su lecho de muerte en el Hospital Provincial de Castelló, las relaciones entre ambas eran frías y distantes, pero “Adela ordenó a una monja, que la cuidaba, que mandase un telegrama a su hija para que corriera al hospital y confesarle su secreto. El telegrama llegó a la casa del amante y no de su hija y cuando se lo comunicaron ya era tarde porque Adela había fallecido”, recoge Mesado.
Murió sola y pobre sin ningún vestigio del lujo que rodeó su vida. Sus restos descansan en una fosa común del cementerio de Castelló. Decía Gabriel García Márquez que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido y contra este olvido de la Restauración lucha Mesado en pleno S. XXI, que reivindica otra lectura histórica sobre los orígenes de Alfonso XIII.
Fue una mujer “culta, inteligente, rebelde, locuaz y vanidosa”

En su estudio de más una década sobre Adela Almerich, el historiador Norberto Mesado se ha quedado prendido de una bella mujer que logró codearse con la más alta alcurnia aristocrática a pesar de sus orígenes humildes. Durante su vida cosechó diversos amantes, todos de un reputado estatus, que le agasajaron con infinidad de joyas y las mejores prendas. Fue la amante fiel de Alfonso XII, del que siempre estuvo enamorada, “aunque Adela era enamoradiza, necesitaba estarlo para seguir viviendo”, señaló Mesado. Vivió una vida de lujos, aunque acabó muriendo sola. Aquellos que la conocieron destacan su gran personalidad y señorío ataviada con vestidos de ensueño, que destacaba en un pueblo, les Alqueries, donde las mujeres vestían de negro. Para conocer más en profundidad su personalidad, Mesado encargó a la directora del Instituto de Estudios Psicografológicos de Valencia, María Teresa Beatriz García, que interpretará la escritura de Adela, plasmada en las tres cartas que le mando a su último amante Francisco Fenollosa. Una de ellas se la remitió desde el majestuoso Gran Hotel París, situado en el centro de Madrid. “Letra distinguida, pausada y arrogante como reflejo de una exquisita educación, formando parte de un repertorio de conductas que deben diferenciar a su autora, poniendo de manifiesto quién es y a qué clase pertenece”, remarca la experta. El informe prosigue asegurando que, en esencia, “subyace un carácter fuerte e indónito, rebelde, obstinado, independiente, locuaz y llena de energía, porque es también inteligente e interesada y porque su, controlada pero presente vanidad así se lo dicta”. Fue Adela Lucía Almerich Cardet.” (Saro Ríos)

En el décimo año de su reinado, con 27 años de edad, Alfonso empieza a encontrarse mal de salud y se retira a vivir al Pardo. Tenía dos hijas y ningún varón, y su resistencia física le permitió aún procrear.
Enfermo de tuberculosis, sus obligaciones y sus salidas nocturnas empeoraron la enfermedad. Don Alfonso de Borbón y Borbón murió un 25 de noviembre en El Pardo y fue enterrado en El Escorial cinco días después, no sin antes hacer una parada en el Palacio Real para que los madrileños le dieran su último adiós. Fue un largo camino hasta el que aún hoy es su descanso, el Panteón de los Reyes del Monasterio de San Lorenzo.

Alfonso XIII

 
 
Alfonso XIII 

 
“Prácticas extravagantes, adulterios, crímenes encubiertos, exorcismos, curiosas y excesivas prácticas culinarias… la historia de los reyes españoles  está llena de anécdotas que, lejos de ser meras curiosidades y chismorreos, en ocasiones fueron fundamentales en el devenir de toda una dinastía. Este es un recorrido por los secretos mejor guardados de esos monarcas, por sus vicios y sus debilidades, por aquellos aspectos a veces olvidados que los convirtieron en tan humanos como sus súbditos.
 
Durante siglos los reyes aparecieron ante sus súbditos prácticamente como semidioses, como seres cuasi inmortales cuyas decisiones y sentencias eran consideradas sagradas; nadie podía contrariar al monarca, hacerlo podía suponer la prisión, la tortura o incluso la muerte para aquel que se atrevía a desafiarle. En la Edad Media los soberanos no gozaban de un poder absoluto –lo que no impedía que fueran también considerados tocados por la divinidad– algo que cambiaría con el avance de los años, hasta el punto de que en tiempos del Rey Sol en Francia o de Felipe IV en España, su poder alcanzó cotas de auténtico delirio.
 
Tan sagrado era el soberano, que prácticamente se besaba el suelo que pisaba. Su sudor era sagrado, su saliva, su aliento, las palabras que proferían sus labios… Sin embargo, como el resto de la humanidad a la que gobernaba, el rey era un mortal, y como tal, tenía sus miedos y sus miserias, sus anhelos y sus necesidades mundanas. A unos les obsesionó el sexo –lo cual no es tan extraño–, pero otros mostraron tendencias psicóticas, obsesiones malsanas, malvadas aficiones…
 
Retrato de Alfonso XIIAlgunos, incluso, ocultaban en sus alcobas, cerradas sólo para los más íntimos, unos gustos que a más de uno entonces habría espantado, sobre todo a los confesores reales, encargados de velar por la salud espiritual de sus señores, salud que no estaba del todo a salvo, o casi nada…” (Óscar Herradón, 2011).
Supuesto hijo póstumo de Alfonso XII y María Cristina de Habsburgo-Lorena, y decimos supuesto ya que según el historiador valenciano Norberto Mesado lo tiene claro, el abuelo del rey Juan Carlos I, es hijo de una mujer de las Alqueries, un municipio de Castellón, y no de la reina María Cristina como ha dejado escrito la Historia oficial. Nació el 17 de mayo de 1886. Alfonso XIII  fue proclamado rey el mismo día de su nacimiento. Reinó bajo la regencia de su madre hasta 1902.
Desde joven, Alfonso fue educado en la doctrina católica y liberal para ser rey y soldado. En el contexto del alejamiento entre la España oficial y la España real, los intentos de regenerar España tras el desastre de 1898 y la constitución de 1876, el Rey intervenía en asuntos políticos.
 
Además, tuvo que afrontar diversos problemas como las guerras de Marruecos, el movimiento obrero y el nacionalismo vasco y catalán.
En el inicio de su reinado, varios políticos se disputaron el liderazgo dentro de cada formación política. Tuvo principalmente dos valedores: Antonio Maura dentro los conservadores y José Canalejas por los liberales.
Durante reinado que coincidió con un cambio generacional en  los partidos dinásticos: el conservador Cánovas fue sustituido por Antonio Maura y el liberal Sagasta por José Canalejas.
La neutralidad de España durante la I Guerra Mundial abrió mercados y favoreció el crecimiento económico y la agitación social. La crisis de 1917 junto al nacionalismo catalán, el sindicalismo militar y las huelgas revolucionarias aumentó la descomposición del régimen político que influyó en el fracaso en 1918 de un gobierno nacional formado por miembros de los dos principales partidos. El reajuste económico posterior a la Guerra Mundial, los fracasos militares en Marruecos, las revueltas sociales y los problemas regionales aumentaron las dificultades internas y la debilidad de los gobiernos, que fueron incapaces de afrontar la situación.
El golpe militar de Miguel Primo de Rivera de 1923 fue la solución de fuerza que intentaba solucionar la crisis, con la aprobación del Rey. En un principio, la dictadura fue bien recibida: en 1925 el desembarco de Alhucemas terminó con la guerra de Marruecos; se restableció el orden social y se produjo un desarrollo de las obras públicas. En cambio tras el fracaso de la experiencia primorriverista, el Rey intentó en 1930 restaurar el orden constitucional, pero los partidos republicanos, socialistas y el nacionalismo se unieron contra la monarquía. La victoria electoral de los socialistas y republicanos en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 hizo que el monarca abandonara el país, en un intento de evitar una lucha civil, momentáneamente evitada con la proclamación de la II República, el 14 de abril de 1931.
Los mercados y grandes beneficios que se obtuvieron en España gracias a la neutralidad durante la Primera Guerra Mundial -beneficos que solo favorecieron a los mismos de siempre- conllevaron un incremento de la agitación social (en Cataluña, importante foco de actividad industrial, las cosas eran extremadamente preocupantes). El año 1917 es un año decisivo en el reinado de Alfonso XIII; las Juntas Militares -aquellas que llamaban a los ascensos militares por antigüedad y no por méritos de guerra, enfrentándose directamente con los militares africanistas- se impusieron, las interminables huelgas revolucionarias y el creciente nacionalismo catalán, aceleraron el proceso de descomposición del régimen político. Un gobierno nacional en España, formado casi desesperadamente y que tomó posesión en el año 1918 por miembros de los dos principales partidos, fracasó también. Al concluir la Primera Guerra Mundial y al volver los países europeos a la “normalidad” España dejó de ingresar unos muy importantes beneficios económicos (con un criterio de guerra España había estado sirviendo materiales al bando que lo pidiese, sin preocuparse de otra cosa que no fuera el dinero), esta regresión económica propició mayores problemas sociales -más huelgas, más anarquismo terrorista, mayor descontento en la población etc-. El fracaso militar en Marruecos (desastre de Annual de 1921) fue la guinda de un pastel que llevaba demasiado tiempo cocinándose.
El golpe militar del capitán general de Cataluña,  Miguel Primo de Rivera (13 de septiembre de 1923) fue la solución de fuerza adoptada ante la crisis. El Rey aceptó el hecho, o al menos no hizo nada para tratar de evitarlo.
En Roma, 15 de enero de 1941 El ex rey de España renuncia a sus derechos –que había “suspendido” al proclamarse la República- en favor de su hijo don Juan.
La República “es una tormenta que pasará rápidamente”. Así de optimista, tras unos días de depresión, se mostraba Alfonso XIII cuando en abril de 1931 llegó a París, primera etapa de un exilio que le haría deambular por Europa, pero ya nunca le permitiría regresar a España.
Efectivamente, la II República iba a tener una vida corta, sólo ocho años, de los cuales tres luchando agónicamente por sobrevivir. Pero la vida de Alfonso XIII tampoco sería muy larga, no iba a durar ni dos años más que el régimen que le había destronado, y no se iba a beneficiar de su desaparición tras la victoria franquista.
En esos diez años de exilio, el ex rey iba a apurar la copa de la amargura, patéticamente solo, peleado con su esposa, en tirante relación con sus hijos, dejado de lado por la mayoría de los monárquicos, que preferían a su heredero, ignorado por el general Franco, en quien Alfonso XIII había confiado durante la Guerra Civil para la restauración de la monarquía.
“En un rincón del hall vitré, detrás de una mesa, estaba sentado don Alfonso: solo, sin la compañía de un libro, de un diario, de una copa”, contaba Cambó haberlo visto en el hotel Meurice –eso sí, el más lujoso de París-. Hora y media después volvía a pasar por allí el político catalán, y “don Alfonso continuaba igual, sentado detrás de la misma mesa, ¡sin un libro, ni un diario, ni una copa!”.
Potenció la actividad colonial en Marruecos, donde, en 1912, se consolidó el protectorado español, merced al acuerdo alcanzado con Francia.
 
El ejército español, entre 1923 y 1927, bombardeó con gas mostaza la población civil del Rif. España empleó armas químicas pese a la prohibición del tratado de Versalles de 1919.
 
Fue el primer bombardeo aéreo de la historia con bombas químicas sobre población civil. Como escribe Sven Lindqvist en su Historia de los bombardeos, el bombardeo de Chauen puso los cimientos del bombardeo de Gernika, en 1937. No obstante, conviene subrayar que la enorme visibilidad mundial que ha tenido y tiene la destrucción de Gernika es directamente proporcional al silencio oscuro y permanente que ha existido sobre la tragedia del Rif, que no acabó aquí.
 
Tras el desastre de Annual (1921), en el que murieron unos diez mil soldados españoles, el ejército español empezó a considerar la posibilidad de usar gases tóxicos contra los rebeldes del Rif. Entre 1922 y 1923 se compró gas mostaza a franceses y alemanes, y el rey Alfonso XIII, firme partidario del invento, hizo construir la Fábrica de Armas Químicas de La Marañosa, en Madrid, aún hoy en funcionamiento, para la producción de gases tóxicos, con la ayuda de técnicos alemanes. También se estableció en Melilla el taller de Mar Chica para el montaje de las bombas que, entre 1923 y 1927, fueron lanzadas sobre la población rifeña. La Marañosa empezó a fabricar iperita en 1927.

Las bombas arrojadas en el Rif se montaron en Melilla, con productos químicos llegados de Hamburgo. Después, se hizo el silencio. Según María Rosa de Madariaga, historiadora, especialista en las relaciones entre España y Marruecos y autora, entre otras, de las obras En el Barranco del Lobo. Las guerras de Marruecos y Abd el-Krim el Jatabi. La lucha por la independencia: “Aunque durante los años de la guerra del Rif cierta prensa hablaba de la necesidad de emplear gases tóxicos para terminar cuanto antes con la resistencia rifeña, cuando empezaron realmente a utilizarse en operaciones militares se impuso el silencio. Lo curioso es que tampoco los rifeños hablaban del tema. Imperaba una especie de extraña complicidad. Había, por supuesto, tanto en España como en el Rif, gente que sabía lo que había pasado, pero que prefería no hablar de ello”. (Xavier Montanya, 2010)  




La primera vez que un rey español visita una colonia
En marzo de 1906, el Rey  español Alfonso XIII visitó Canarias, convirtiéndose así en el primer monarca español que visitaba la colonia.
 
En una época en la que la monarquía no solo española sino también mundial se veía amenazada por las diferentes fuerzas opositoras, el monarca Alfonso XIII consideró que una forma de salvar la monarquía española sería conseguir acercarse al pueblo para, de esta forma, afianzar la ya debilitada monarquía. Este gran interés del Monarca por asegurar sus dominios lo llevó a conocer en un corto espacio de tiempo la gran mayoría de regiones y colonias españolas.
La flota encargada de llevar a Alfonso XIII a su destino estaría compuesta por dos divisiones, la primera estaría supervisada por el General Matta y compuesta por el “Pelayo”, el “Princesa de Asturias” y el “Río de Plata”. Por su parte, la segunda división estaría a cargo del General Santalo y compuesta por el “Carlos V”, el “Giralda” y el “Extremadura”. Por su parte, la Familia Real realizaría su viaje a bordo del yate “Alfonso XII” que fue reformado expresamente para este viaje.
La prensa española decidió no acudir a Canarias para cubrir la visita ya que su traslado se llevaría a cabo en buques de guerra y no en el “Alfonso XII” de este modo solo conocerían datos del viaje por medio de noticias oficiales. Por su parte la prensa colonial canaria hablaría extensamente de esta visita haciendo mención de todos los eventos realizados tanto eclesiásticos como militares. No obstante, las planificaciones de la visita, estaban centrados en conocer las islas y no sus problemáticas que era, en un comienzo, el principal objetivo de este viaje, algo que finalmente no se llevó a cabo.
La primera isla que recibió al monarca, como ya se ha comentado con anterioridad fue la de Tenerife, la más larga de todas, duraría cuatro días. A continuación el “Alfonso XII” arribaría las costas de Gran Canaria y estaría allí durante tres días. A continuación acudiría a la isla de La Palma, el Hierro, La Gomera, Fuerteventura y Lanzarote, en las cuales no pernoctaría en ninguna ocasión. (EIP Mazine)
“Entre todas las efemérides que se celebran  el Gobierno de Canarias ha decidido, con un ardor guerrero inusitado y una espléndida dotación económica, que se debe gritar a los cuatro vientos, como si nos fuera la vida en ello, que Alfonso XIII, abuelo del actual rey, una vez visitó Las Islas. Fue la primera visita de un Jefe de Estado al archipiélago -último vestigio de las posesiones de ultramar- y poco más, aunque los promotores del evento intenten reinventar la historia al relacionar el fugaz paseo real con un inexistente despegue económico y social o con la Ley de Cabildos promulgada seis años más tarde.
El mismo José Segura, Delegado del Gobierno, con su florido y pedante verbo, se sacó de la chistera que la visita tuvo consecuencias relevantes para el archipiélago con la mejora de las comunicaciones o la llegada de la Guardia Civil. Hasta Adán Martín, patrón del nacionalismo canario, habló con orgullo de cómo el monarca fue consciente de que el sentimiento de pertenencia a la Corona "no corría peligro alguno" en Canarias. Semblanzas de un nacionalismo de pacotilla.
A pesar de que la realidad canaria y española bajo su reinado fue una serie continua de miseria intensiva, de ignorancia generalizada y de un caciquismo que convertía la vida política en una farsa perversa, el Parlamento y el Gobierno de Canarias, los cabildos y los ayuntamientos se han empeñado en catalogar como un hito histórico la visita de un rey que no dudó en masacrar a una multitud en la Semana Trágica de Cataluña por negarse a ser carne de cañón en la defensa de los intereses mineros de Romanones en África, ni en resucitar a los paramilitares asesinos del Somatén. Un rey que coqueteó con todo tipo de corruptelas…
Sus paseos por los palacios de la burguesía canaria, por sus catedrales y conventos, con desembarcos frustrados y con estancias ridículas de apenas tres horas -La Palma y la Gomera- sirvieron, no obstante, para que a un grupo de privilegiados provincianos se les distinguiera como Gentilhombres de Cámara. Los Benítez de Lugo, los Manrique de Lara, los Hurtado de Mendoza o los Van de Valle, agraciados por Alfonso XIII, han sido antepasados directos de presidentes del Parlamento de Canarias, diputados en Cortes o consejeros del Gobierno. (Ramón Afonso).
El matrimonio con Ena
“Tras ser rechazado en tierras inglesas por Patricia, sobrina del monarca británico Eduardo VII, este organiza una cena en el palacio de Buckingham con la intención de presentarle a otras sobrinas. En el convite conoció a la que sería más tarde su esposa, Victoria Eugenia de Battenberg, conocida como Ena en el entorno familiar.
Victoria Eugenia de Battenberg nacida el 24 de octubre de 1887 en Balmoral. Era hija de Enrique de Battenberg y Beatriz de Gran Bretaña y nieta de la reina Victoria de Inglaterra.
Victoria Eugenia fue conocida siempre como Ena, un nombre gaélico que constataba que su nacimiento fue el primero tras muchos años que tenía lugar en Escocia.
Victoria Eugenia conoció al rey Alfonso XIII en 1905, durante un viaje que se le había preparado a éste para que conociera a posibles candidatas a ser reinas de España. Como siempre la cuestión dinástica requería que el tema no se dilatara más, aunque el rey sólo tenía 19 años. En 1910 Victoria Eugenia dio a luz a un niño que llevaba ya varios días muerto.
En 1906, Alfonso y Victoria Eugenia tienen un encuentro en una villa de Biarritz, donde el rey pidió la mano a la madre de Victoria Eugenia, que le fue concedida por la princesa, como madre y con la autorización de Eduardo VII.
El rey Alfonso XIII solicitó a Eduardo VII un favor para limpiar el origen advenedizo de la familia Battenberg: elevar un grado a su sobrina Victoria Eugenia, de alteza a alteza Real
Pero todavía existían barreras que salvar, y la primera era la religiosa. Victoria Eugenia, nacida en el castillo escocés de Balmoral, había sido bautizada según el rito de la Iglesia de Esccia, que era calvinista. El obispo católico de Nottingham instruiría durante dos meses a la princesa en la nueva fe. El 7 de marzo de 1906, Victoria Eugenia abjura en la capilla del palacio de Miramar, residencia de la reina madre, doña María Cristina. El rey Alfonso XIII solicitó a Eduardo VII un pequeño favor para limpiar el origen advenedizo de la familia Battenberg: elevar un grado a su sobrina de alteza a alteza Real, a lo que el monarca inglés no se opuso. Finalmente, la princesa renunció a la sucesión británica tras convertirse al catolicismo de conformidad con la normativa dinástica de aquella familia real.
Una vez salvado todos los impedimentos, la novia se traslada a España para casarse con el rey  Alfonso XIII. La víspera de la boda tiene lugar, en el salón de Embajadores del palacio de El Pardo, la firma de esponsales. El ministro de Gracia y Justicia, como Notario del Reino, lee las capitulaciones ante la familia reunida. Inmediatamente después, los novios y testigos estampan sus rúbricas.
Alfonso XIII, conocedor de la situación económica de la familia de la novia, que estaban algo tiesos, no solicitó dote y él mismo dotó a su prometida con 20.000 libras esterlinas. Las Cortes españolas votaron, al igual que lo hicieron con Alfonso XII, la asignación de la futura soberana.” (Fernando Fernández).
En 1906 Alfonso y Ena se casaron en la iglesia de San Jerónimo el Real, pero como es habitual en los Borbones El carácter mujeriego y frívolo de Alfonso XIII, al que algunos autores califican califican de auténtico enfermo sexual. De todos modos,  Victoria Eugenia nunca afeó la conducta de su marido en público, al menos, en los años en que reinaron juntos. El rey se enamoró de ella perdidamente, pero los enamoramientos de Alfonso XIII duraban poco.
Después de unos años de exilio, entre 1936 y 1941 vivieron separados. Pero mientras fueron reyes, ella observó una actitud ejemplar, pese a que Alfonso XIII llegó a mantener una familia paralela con la actriz Carmen Ruiz Moragas y los dos hijos nacidos de esa unión.
“Mi marido, en estos momentos, se está acostando con otra mujer. Sus manos largas y huesudas, sus dedos manchados de nicotina habrán tirado con brutalidad la colcha de raso de color verde de la cama al suelo y, mientras se va desabrochando el cinturón, estará besando a Neneta en el hombro”.
La periodista y escritora Pilar Eyre, autora del libro, Ena Victoria Eugenia, la reina más desdichada que su obra es una biografía sobre la vida de la esposa del Rey Alfonso XIII. La autora ha documentado su obra para retratar de forma fiel hasta los más mínimos detalles, tales como el gusto de la Reina por los tocados y los vestidos a la moda inglesa o conversaciones tan sorprendentes que rayan lo dantesco.
La obra, tal y como reconoce la autora, tiene una carga muy fuerte de sexualidad, pero la carga sexual es algo de lo que no puede desprenderse un perfil de esta pareja real ya que Alfonso XIII era un depredador sexual. Tanto es así, que, Ena, como llamaban cariñosamente a la Reina desde su infancia, llegó a consultar a un médico, que diagnosticó que el monarca padecía “satiriasis”.
Tal era la pasión de Alfonso XIII, que, durante todo su matrimonio, aquella joven princesa inglesa vio como una detrás de otra, las amantes iban pasando por el lecho real.
Quizá, de todas las amantes la que más molestaba a la Reina era Carmen Ruiz de Moragas, una mujer de noble cuna a la que el rey apodaba ‘Neneta’ y con quien el monarca mantuvo una relación durante cerca de tres lustros de la que nacieron dos hijos, Leandro y María Teresa. Tanto es así, que la Reina fue consciente de que intentaban quitarla de en medio y la firme candidata a sustituirla era ‘Neneta’.
El cabecilla de la conspiración no era otro que el duque de Léjara, que se quedó lívido cuando Victoria Eugenia le mandó llamar a sus aposentos y le dijo “sé que estás detrás de esta conspiración, yo no puedo castigarte, pero Dios te castigará”. Tal fue el impacto de las palabras de la Reina que cayó fulminado al suelo de la estancia, de la que salió cadáver. Aquel suceso sólo sirvió a la Reina para granjearse aún más la enemistad de quienes la rodeaban y que aumentasen los comentarios sobre ella.
 “No tuvo amigos en España y chocaba constantemente con el Rey”, cuenta Eyre, que tras dos años de investigación y uno de escritura ha adquirido un conocimiento más profundo de la abuela del Rey Juan Carlos. Dice la autora que ella “era una mujer culta de ideas liberales”, todo lo contrario a él. Su gusto por la moda y las joyas hizo que las damas de la corte la apodasen despectivamente ‘la pava real’, y el Rey se burlaba de ella en público martirizándola y culpándola por las enfermedades y discapacidades de sus hijos.
“Su vida fue una tragedia de principio a final”, asevera Pilar Eyre, “empezó a liberarse en el exilio”, una huída que comenzó con una fotografía en la que aparecía fumando, algo que no gustaba a su marido. Hay quien, incluso, considera esa imagen un símbolo de desafío y de la libertad con la que actuaría a partir de ese momento, llevando la vida que no había llevado hasta entonces. Sin embargo, la apatía y la depresión la acompañaron aún durante un tiempo, ya que, ni tan siquiera podía respaldarse en su fe.
Cuenta Eyre que “se convirtió forzada al catolicismo”, aunque, al parecer, “se arrepintió toda la vida”. Casi desde el momento de su conversión, que tuvo lugar en una tétrica ceremonia de abjuración basada en los ritos creados por la Inquisición unos siglos antes.
Una ceremonia, previa al matrimonio en el que “había cilicios” y una serie de rituales de afirmación católica.
Sólo le quedaban sus convicciones morales, que no traicionó ni aún a sabiendas de las continuas infidelidades de su marido y de la conspiración de los nobles en su contra. Así afirmaba la Reina,  que “cuando yo quiero, quiero para toda la vida”. Y de esta forma lo cumplió, al menos de forma oficial, porque nunca se ha tenido constancia de que tuviera un amante ni que existiera otra pareja que no fuera el Rey en la vida de esta princesa, que entró a formar parte de la Familia Real española como Reina consorte.
El 10 de mayo de 1907 nacía un varón a quien, por ser el mayor y sucesor, se le impuso el nombre paterno. Por tradición, introducida por los médicos judíos que atendieron a los reyes castellanos, a los tres días del nacimiento se le practicó la circuncisión la que, desgraciadamente, provocó una hemorragia que pudo ser detenida con gran dificultad y que reveló a los médicos que habían tropezado con la hemofilia.
Otro hecho “chocante” para la época, es que Victoria Eugenia decidió amamantar ella misma a su hijo. Lo nunca visto. Aun así, solo se le permitirá hacerlo durante un corto espacio de tiempo y rápidamente sería sustituida por un ama de cría. La reina conmemoró su nacimiento con la fundación de un instituto que habría de ocuparse de la educación de niños abandonados y delincuentes.
Aunque el pequeño se criaba bien era enfermizo. A los tres años se descubriría el mayor de los males, era hemofílico.
La reina, al conocer la noticia, exhaló “un gemido desgarrador, tan atrozmente desesperado que parecía provenir de algún inaccesible infierno más allá de la tumba”.

Así describe el biógrafo de Ena el momento en el que la esposa de Alfonso XIII supo que su hijo primogénito padecía la hemofilía, enfermedad que ella le había transmitido, recibida a su vez de su abuela, la reina Victoria de Inglaterra. Era el 2 de junio de 1907, veintitrés días después del nacimiento que había hecho feliz a la augusta pareja porque aseguraba la sucesión.



El 23 de diciembre de 1908 nacía otro varón, Jaime, libre de la tara hemofílica. No había cumplido los cuatro años cuando se le declaró una mastoiditis doble que obligó a los médicos a romper los huesos auditivos para salvar su vida, por lo que quedó sordo mudo desde aquel mismo instante. Consciente de sus limitaciones físicas, renunció espontáneamente a sus derechos al trono en 1933, aunque más tarde intentaría, sin éxito, impugnar la validez de su renuncia. Jaime fue nombrado duque de Segovia y duque de Madrid y, como “legitimista”, pretendió la corona de Francia, por lo que también fue conocido como duque de Anjou.
A finales de 1916 tuvo un aborto y se vio obligada a guardar cama más de dos meses.
Estuvo a punto de morir por una apendicitis mal diagnosticada. Durante el tiempo de su recuperación, Alfonso XIII tuvo el tiempo y la oportunidad de conocer a una de las mujeres más importantes de su vida, Carmen Ruiz de Moragas, actriz de la compañía de María Guerrero. Su relación, con altibajos, duró diez años.
Las amantes de Alfonso XIII
Haciendo honor a la estirpe borbónica, Alfonso XIII había heredado la fogosidad sexual de sus ancestros. Ya, a los pocos meses de su reinado, con dieciséis años de edad, fue necesario tapar sus escarceos amorosos con Julia Fons, cantante de éxito en los espectáculos del teatro Eslava.

Claro está que no eran las primeras “salidas” del rey. Aventurillas adolescentes aparte, todavía soltero, con no más de diecisiete años, ya había tenido un amor importante. Nada menos que una de las mujeres más bellas de Europa: la francesa (y con marido) Mélanie de Vilmorin, con quien tuvo un hijo. Según refiere Balansó, la dulce Mélanie solía decir a sus íntimos: “Jamás he engañado a mi marido. Los reyes no cuentan”.




Muchos fueron los amores de Alfonso XIII. Cuando el rey viajaba de incógnito, particularmente a París, utilizaba el título de duque de Toledo para sus devaneos amorosos, pues Alfonso XIII, al contrario que su padre Alfonso XII, fue más mujeriego que amador.

El rey seguía consolándose con un buen número de señoritas de la alta y baja sociedad.



Entre estas estuvo la niñera de los infantes, Beatriz Noon, con la que tuvo una hija ilegítima, Juana Alfonsa Milán y Quiñones de León. En cuanto Ena se enteró de la relación hizo que expulsaran a la niñera inmediatamente.
Doña Juana Alfonsa Milán y Quíñones de León nació en París en 1916 y al parecer era el vivo retrato de su padre quien, siempre según Balansó, sentía predilección por ella y a la que llevó a Ginebra cuando los nazis se acercaban a París en la Segunda Guerra Mundial. También Don Alfonso XIII se hizo cargo de su educación encargándole a su íntimo amigo el conde de los Andes su manutención. Fue  fruto de los amores de éste y una profesora de piano de sus hijos llamada Beatriz Noon, irlandesa de nacimiento, con la que se le veía frecuentemente pasear del brazo por las calles de Ginebra, llegando incluso la prensa de la época a confundirla con una nueva amante del monarca.

Doña Juana Alfonsa Milán tuvo tres hijos y una hija.



También se rumoreó durante mucho tiempo que Alfonso XIII se había encaprichado de Bee, la amiga de Victoria Eugenia. Tanto Bee como su marido, Alfonso de Orleáns había apoyado abiertamente al bando germano en la guerra lo que trajo consigo protestas de los gobiernos británicos y de otros países. El conde de Romanones aconsejó al Alfonso XIII que obligara a los infantes al exilio. Así, vivieron en Suiza durante ocho años. Parece ser que Alfonso XIII estaba interesado en Bee, aunque ella no accedió a sus deseos. Se cree que fue la camarilla del rey la que comenzó a propagar los falsos rumores para alejar a Bee de la corte.
Victoria Eugenia estaba muy disgustada con todo este asunto, ya que su prima era una de las pocas personas con las que se encontraba a gusto. No llegó a encajar en la sociedad española del momento. 
Mientras tanto Alfonso XIII seguía su relación con Carmen Ruiz de Moragas. En 1925 tuvo con ella una hija, María Teresa y en 1919 un hijo, Leandro, formando una especie de familia paralela que además, no tenía ninguna enfermedad hereditaria.
Nació en Madrid en 1898. Su padre, don Leandro, fue gobernador civil de la ciudad de Granada y pertenecía a una buena familia de clase acomodada. En 1919, cuando ya el rey la había conocido en el teatro y la había hecho su amante, su familia, para evitar habladurías, la instan a que se case con el torero Rodolfo Gaona, pero el matrimonio resulta ser un desastre y apenas dura seis meses.
Neneta, como Alfonso XIII llama a Carmen, con quien más dura una relación. Están juntos durante quince años, y ella le da dos hijos: María Teresa, que morirá muy joven, y Leandro Alfonso, que todavía vive y es asiduo de ciertos platós de televisión. Fue a ella a quien la reina Victoria Eugenia llegó a ver como a su verdadera rival y amenaza.  
 

La actriz vivía en un lujoso chalet de los hermanos Otamendi, íntimos amigos del rey; y hasta allí iba la propia reina María Cristina, para ver a través de la verja del jardín como jugaban esos dos nietos bastardos y completamente sanos.
Cuando estalla la república Carmen busca la protección de otro hombre, Juan Chabás. Morirá en Madrid, en junio de 1936, apenas cumplidos los 38 años, de un cáncer de útero, un mes antes del estallido de la Guerra Civil de los españoles.
 
También intentó ligarse a Raquel Meller, cupletista de fama durante la primera mitad del siglo XX, nacida en Tarazona en 1888. Esta tonadillera fue la primera artista española que actuó en la sala Olympia de la capital francesa, equiparándose con las grandes figuras del momento Josephine Baker, Sarah Bernhardt o Isadora Duncan, formando parte del repertorio de la actriz canciones tan conocidas como: “El relicario”, “La violetera”, "Flor de té", "Doña Mariquita" y "La Modistilla", entre otras. De fuerte carácter y testaruda como buena maña, declinó al parecer intimidades con el monarca  Alfonso XIII, mujeriego contumaz como buen borbón,  quien si las consiguió de otras ilustres damas de la época como la aristócrata Soledad Quiñones la renombrada tiple Julia Fons, la contralto Gabriella Besanzoni, la soprano Geneviève Vix, la Bella Otero, la famosa artista de variedades Celia Gámez, Marichu de Lis, la aristrocrata francesa (y con marido) Mélanie de Vilmorin, con quien tuvo un hijo, la cual solía decir a sus íntimos, “Jamás he engañado a mi marido, los reyes no cuentan”, y la conocida cupletista Consuelo Portella “La bella Chelito” que según comentarios de la época, se encargó de desvirgarle. 
 
“He nacido y moriré infante de España, como tú has nacido y morirás rey de España, mucho tiempo después de que tus súbditos te hayan dado la patada en el culo que mereces”: se lo dijo a Alfonso XIII, en 1924 (siete años antes de que la profecía se cumpliese), su primo Luís Fernando de Orleáns y Borbón. Motivó la grosería que el Rey le había quitado el título de infante por saberle implicado en un grave delito: la muerte por estrangulamiento de un joven durante una orgía homosexual en la que completaba el trío cierto aristócrata portugués, amante de Luís Fernando. Ambos habían paseado por París el cadáver del desdichado, envuelto en una manta, intentando colocárselo a las embajadas española o lusa para huir de la justicia acogiéndose a la extraterritorialidad.

“La separación entre Alfonso XIII y Victoria Eugenia no fue fácil. Cada uno defendió sus intereses y no hubo forma de que mantuvieran una relación siquiera de amistad. El rencor era demasiado profundo. Victoria Eugenia vivió en distintos países, entre ellos Suiza e Inglaterra, alejada tanto de su marido como de sus hijos, ya que se negó a asistir a sus bodas, lo que hizo que los monárquicos españoles la rechazaran todavía más. Sin embargo, en 1940, Victoria Eugenia sí asistió a la boda de la infanta Cristina, quizás también por el empeoramiento de salud del rey. 



 
Parece ser que finalmente lograron hacer las paces.” (María José Rubio),
 
 Alfonso XIII y la pornografía
Este cachondo personaje, aparte de tirarse a todo lo que se movía y ser asiduo de lupanares, - tenía uno para él sólo en Chueca -era un gran aficionado al incipiente cine pornográfico de la época. Se cree que entró en contacto con ese mundo en sus viajes por Europa y Estados Unidos, y viendo que en España no había nada parecido, le encargó al Conde de Romanones que buscase a la gente adecuada para llevar a cabo la producción y realización de algunas películas porno para su disfrute personal. Fue el primer coleccionista de cine porno en España y en el Palacio de Oriente tenía una sala de proyección.
El Conde de Romanones al menos encargó tres cortometrajes a los hermanos Ricardo y Ramón Baños, dueños de la productora barcelonesa Royal Films. Los títulos de las cintas son: El ministro, Consultorio de señoras y El confesor.
Fueron halladas recientemente por el productor José Luís Rado y el periodista Sigfrid Monleón.
 
Son cortometrajes ya que su duración no llega a la de una película y están fechados entre 1920 y 1926.
 
La Filmoteca de la Generalidad Valenciana se encargó de su restauración, con lo cual ya están al alcance de cualquier investigador.
 
Lo más gracioso del asunto, es que el monarca pornógrafo no sólo pagaba por estas pelis sino que a menudo sugería argumentos y situaciones en el guión.
 
La ajetreada vida sexual de Alfonso XIII  queda reflejada en un suceso que ocurrió en un viaje a Hollywood de este Borbón vividor - follador.
 
Fatty Arbuckle era una estrella. Acababa de firmar un contrato que lo convertía en el actor mejor pagado del cine mudo del momento, y decidió celebrarlo con una fiesta con un par de amigos, chicas y alcohol.
 
[Chicas, alcohol, chicas, alcohol, botellas de champagne, chicas, botellas de champagne dentro de una chica, más alcohol, chicas-chicas-chicas. Hey, chicas, ¡alohol!, más adentro la botella de champagne, chicas, hey, hey. Sangre. Sangre. Alcohol. Champagne. Sangre. Chicas...  ¡ UY ! una muerta.]
 
Alfonso XIII – ya derrocado rey de España y gran pornógrafo – estaba pasando una temporada en Hollywood, en la casa del actor Douglas Fairbanks quien, como excelente anfitrión, un día le preguntó:
Douglas Fairbanks: Majestad, ¿hay alguna estrella de Hollywood a quien desee conocer?
 
Alfonso XIII: ¡A Fatty Arbuckle!
 
Douglas Fairbanks: Mmmmm, vaya, Majestad. Me temo que eso no va a ser posible: desde que Fatty violó a aquella chica con una botella de champagne y le provocó una hemorragia de muerte (literal), Fatty no es – precisamente – un personaje popular en Hollywood.
 
Alfonso XIII: ¡Qué injusticia! Eso le podría haber pasado a cualquiera de nosotros.
 
La herencia de Alfonso XIII
 
La escritora Mirian Rubio en una reseña del libro del periodista y historiador  José María Zabala: El Patrimonio de los Borbones: La sorprendente historia de la fortuna de Alfonso XIII y la herencia de D. Juan. Nos dice:
“Entre los datos que destacan en su obra, sorprende la pasión heredada de todos los miembros reales por el mar y los vehículos o los gastos que el abuelo del Rey Juan Carlos hizo durante el tiempo que vivió fuera de España. “Alfonso XIII no fue un santo por mucho que sus hagiógrafos, que son legión, hayan intentado que así lo pareciese”, comenta Zavala a Vanitatis.
Y es que, según los datos que maneja el autor del libro, el monarca “vivió sus diez años de exilio a cuerpo de rey, nunca mejor dicho, gastando alrededor de 3 millones de euros anuales (500 millones de las antiguas pesetas) en viajes, hoteles, restaurantes de lujo, caprichos e incluso en las fastuosas bodas de sus tres hijos Juan, Jaime y Cristina de Borbón y Battenberg”.
La figura de Alfonso XIII puede ser quizá una de las más interesantes ya que, según el autor del libro, “fue un rey perjuro, como su bisabuelo materno Fernando VII, pues juró fidelidad a la Constitución de 1876 ante los Santos Evangelios y luego apoyó la dictadura de Primo de Rivera”.
Zavala comenta que “pese a estos y otros oscuros borrones en su biografía nunca antes contados, Alfonso XIII fue el primer y único Borbón español considerado como un gran ‘hombre de negocios’, que invirtió con acierto en decenas de empresas de diversos sectores, desde el automóvil hasta el cine o las infraestructuras; además de, por supuesto, en la Bolsa”.
El autor del libro que repasa las posesiones de Alfonso XIII y la herencia que llegó a estar en manos de Don Juan, padre del Rey actual, refleja esa doble vertiente del monarca hablando sobre sus negocios. “Su honradez fue seriamente cuestionada por el juez Mariano Luján, titular de Juzgado de Instrucción nº 10 de Madrid, que le implicó en delitos de estafa y apropiación indebida por su participación en las carreras de galgos en pista cubierta prohibidas entonces en España”.
Hay quien alega que Alfonso XIII había llevado una vida austera y sin grandes lujos. A este respecto, después de investigar en los archivos, Zavala asegura que el monarca “llegó a manejar una fortuna de 144 millones de euros”. Sin embargo, de esa fortuna, “al abandonar para siempre España, en abril de 1931, conservaba un tercio de la misma -48 millones de euros- en bancos de París y Londres, sobre todo”.
Tras una vida repartida entre España y el exilio, “a su muerte, en 1941, el principal beneficiado por su testamento fue su hijo don Juan de Borbón, en detrimento de sus hermanos Jaime, Beatriz y Cristina”.
Sobre su pasión náutica, que tanto Don Juan como el Rey Juan Carlos han heredado, el autor hace en su obra un repaso de los barcos que llevaron su impronta, como los yates Hispanias, el primero de los cuales costó entonces una fortuna: 86.021 pesetas, un precio que equiparado a la actualidad serían algo así como 330.000 euros (55 millones de pesetas) o el trasatlántico Alfonso XIII, un auténtico palacio flotante que acabaría convertido, con el paso de los años en un pesquero que la compañía Pescanova utilizó para sus labores comerciales”. (Mirian Rubio, 2010)

ABDICACIONES EN ESPAÑA

 
ABDICACIONES EN ESPAÑA
 
La abdicación es una fórmula excepcional en la Corona española y, en los últimos siglos, solo se ha efectuado en seis ocasiones, la última vez con la renuncia en 1941 de Alfonso XIII en favor de su hijo don Juan de Borbón, padre del rey Juan Carlos. La proclamación de la República en 1931 motivó el exilio se Alfonso XIII, que abdicó en Roma en su tercer hijo, don Juan de Borbón, poco antes de fallecer en 1941.

El Conde de Barcelona nunca llegó a reinar y en 1977 presentó oficialmente la renuncia a sus derechos al trono ante su hijo, el rey Juan Carlos, que era ya jefe del Estado desde 1975.

Casi siete décadas antes que Alfonso XIII, Amadeo I de Saboya, el primer monarca español elegido por las Cortes, abdicó en 1873 tras tres años de reinado a causa de la inestabilidad política, y dio paso a la I República.

El caso anterior fue el de Isabel II, a la que la Revolución de 1868 obligó a exiliarse en Francia y a abdicar dos años más tarde en París en favor de su hijo Alfonso XII.

A comienzos de ese mismo siglo, en 1808, Carlos IV cedió la corona a su hijo Fernando VII, quien luego la devolvió a su padre y éste la cedió a Napoleón, que se la otorgó su hermano José.

El primer Borbón, Felipe V, abdicó el 10 de enero de 1724 en su hijo Luis I, que falleció por enfermedad ocho meses después, obligando a su padre a regresar al trono hasta su muerte, en 1746.

Durante la Casa de las Austrias, solo el rey Carlos V cedió sus derechos dinásticos como rey de España en 1556 en favor de su hijo, Felipe II, y como emperador, en favor de su hermano, Fernando I de Habsburgo.

Ahora, don Juan Carlos de Borbón y Borbón ha comunicado su voluntad de renunciar a la Corona después de haber sido Rey durante 39 años, uno de los reinados más largos de la historia, desde que fue proclamado el 22 de noviembre de 1975.

El Rey nació en Roma, el 5 de enero de 1938. Primer hijo varón de don Juan de Borbón y Battenberg y de doña María de las Mercedes de Borbón y Orleáns, a los tres años se convirtió en heredero de la Casa Real española, al abdicar su abuelo, Alfonso XIII, en su padre.